Después de recorrer de madrugada más de 500 kilómetros en auto, el magistrado venezolano Miguel Ángel Martin se embarcó en un pequeño bote que, luego de siete horas, lo dejó en la isla de Curazao. Desde allí voló a Washington y ahora vive en un hostal, reseña Reuters.

El juez de 50 años se vio obligado a pasar por esta odisea de dos días luego que, siguiendo órdenes del presidente Nicolás Maduro, patrullas negras del servicio de inteligencia empezaran a seguirle los pasos a él y a otros 32 magistrados.

Los jueces, nombrados por el Parlamento opositor que el Gobierno desconoce, han sido amenazados con penas de cárcel por “usurpación de funciones” por el tribunal supremo.

Pero usando sus contactos e incluso cruzando la frontera a pie, ocho magistrados huyeron a Estados Unidos, seis recalaron en Colombia y otros ocho se refugiaron en las residencias de los embajadores de Chile y Panamá en Caracas, donde les han dado refugio.

“Nunca imaginé que iban a tener una reacción tan agresiva y tan voraz. Creo que ninguno lo imaginó. Sin embargo, eso no nos doblega. Seguimos manteniendo más fuertes nuestras convicciones”, dijo Martin a Reuters vía telefónica.

Venezuela atraviesa una profunda crisis política y económica que ha desatado protestas antigubernamentales en las calles. Durante los más de cuatro meses que llevan las manifestaciones han muerto unas 125 personas y cientos fueron arrestados.

En medio del éxodo de la mayoría de los magistrados, tres de ellos fueron apresados y los ochos restantes permanecen en la clandestinidad, escabulléndose de las patrullas negras que circulan por Caracas.

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