Los redactores de los Evangelios, que escribían sobre hechos que les habían sido relatados por testigos directos, no tenían, al igual que los demás cronistas de la Antigüedad, excesiva preocupación por la rigurosidad cronológica. Lo que les interesaba era destacar el mensaje, el sentido, la profunda significación de los hechos.

Es por ello que los Evangelios son avaros de referencias cronológicas precisas. Ese fue el trabajo posterior de los llamados apologistas, es decir, los primeros teólogos que buscaron argumentos racionales y evidencia científica e histórica que sostuviesen el relato cristiano.

Con el habitual auxilio del profesor Sergio Prudencstein (*) nos referiremos aquí a cómo se fue estableciendo en la tradición cristiana el festejo de la Navidad, en la fecha en la cual hoy se conmemora.

Los primeros cristianos y la Navidad

No sabemos qué día exacto se conmemoraba la Navidad inmediatamente después de la crucifixión, es decir, cómo se la celebró durante esas oscuras y lejanas primeras etapas del cristianismo. Ni siquiera si se la celebró. Para Orígenes (185-254), uno de los primeros apologistas, el día del nacimiento de Jesús carecía de importancia (Orígenes, PG XII, 495). Lo importante era la fecha de la muerte, día de la entrada a la “patria definitiva”. Antiguamente, después de la muerte de Orígenes, la iglesia comenzó a celebrar los llamados Días de Epifanía, entre el 25 de diciembre y el 6 de enero. Epifanía significa “visión milagrosa”; los Días de Epifanía son por lo tanto los días en que la imagen de Jesús fue revelada a los hombres.

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